Los geólogos datan las formaciones de roca volcánica en el periodo Pérmico, hace aproximadamente 280 millones de años, cuando los movimientos tectónicos fracturaron la cuenca mediterránea. Para el siglo XVIII, los navegantes genoveses habían catalogado estas aguas como peligrosas, marcando Mezu Mare —la isla más grande, con sesenta y cinco hectáreas— con balizas de advertencia mucho antes de que Francia erigiera su faro de piedra en 1870.
Hoy, el archipiélago funciona como reserva marina protegida; sus costas rocosas albergan a las raras gaviotas de Audouin y a las focas monje del Mediterráneo, que regresan cada primavera a las cuevas sumergidas bajo los acantilados occidentales. El faro de Mezu Mare sigue operativo y su luz automatizada gira a intervalos durante la noche, aunque los aposentos del farero están ahora vacíos. Los botánicos han catalogado quince especies de plantas endémicas adaptadas al salitre y al suelo volcánico fino, incluyendo encinas enanas y arbustos de lentisco que se aferran a grietas inaccesibles para las cabras.
La mayoría de las salidas del paseo en barco a las Islas Sanguinarias parten del puerto Tino Rossi de Ajaccio entre abril y octubre, cuando el oleaje baja de un metro y la visibilidad se extiende más allá del Cap de Feno. Los operadores prefieren embarcaciones semirrígidas para el cruce de treinta minutos, cuyo calado poco profundo permite acercarse a cuevas marinas donde la piedra caliza se encuentra con el granito en una colisión geológica. La ruta del crucero por el archipiélago suele rodear Mezu Mare en sentido antihorario, permitiendo a los pasajeros observar la estratigrafía de los acantilados norte antes de atracar en el muelle del faro.
Los arqueólogos recuperaron fragmentos de ánforas romanas en estudios submarinos realizados en 1998, prueba de las antiguas rutas comerciales que cruzaban estos canales cuando las islas servían de punto de escala entre Cerdeña y la costa de la Provenza. Durante la Segunda Guerra Mundial, las fuerzas alemanas instalaron puestos de observación en la cima del promontorio más alto, búnkeres de hormigón todavía visibles entre la maleza. La Marina francesa desmanteló las instalaciones militares en 1962, devolviendo las islas a su aislamiento previo, roto solo por el tráfico de barcos estacional y el destello metronómico del faro.